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Mi nombre es Helena De Luis Sapiña, tengo veintiún años y he nacido artista irremediable.

Desde los tres años hasta los quince, estudié solfeo, en el Ateneo musical y en el conservatorio profesional de música de Cullera.

Este camino por la música me aportó mucha pasión, sensibilidad, oído y con las audiciones considero que aprendí lo que era la presencia. Tengo un buen recorrido con el violonchelo, pero siendo sincera, requiere más constancia y para mí hoy en día lo considero una herramienta, la pincelada que puedo aportar a otros proyectos. Más de lo mismo con el piano o el ukelele. Pero el instrumento que más me gusta trabajar es la voz, en todas sus formas.

Los dos últimos años que estudié en el conservatorio, también cursé la asignatura de canto lírico recientemente implantada allí. Me hizo romper barreras con la voz que nunca hubiera imaginado, pero sobre todo me aportó conciencia a la hora de cuidarla diariamente.

Enfocada en un nuevo futuro, acabo el bachillerato artístico en el IES Joan Fuster de Sueca, y paso las pruebas de la ESAD (Escuela Superior de Arte Dramático).

Durante estos años participo en distintas obras en el instituto y se me brinda la oportunidad de aparecer en calidad de actriz a una cantata benéfica escrita y dirigida por Manuel Molins en el Palau de la Música. ‘Les veus de la frontera’ me hacía ponerme en la piel de Aisha, una niña que huyendo de la guerra y la miseria de su país, acabó en un campo de refugiados sin saber si alguien de su familia había conseguido superar el mar. Fue enriquecedor en todos los sentidos y Molins me animó a hacer un casting para una obra suya que se llevaría a cabo con la compañía de teatro El Micalet. Me cogieron para la obra a la par que entraba en la escuela de interpretación. Dos meses de ensayos y uno de representaciones, descansando dos días a la semana. Me resultó casi imposible compaginarlo todo en aquel momento.

En ‘El Moviment’, Esther era una niña sometida con toda su clase a una especie de experimento del profesor que les imparte ética. Yo hacía del personaje que aporta un punto de coherencia al proyecto, dentro de esa bola de hormonas que a veces te hace perder la capacidad de reflexión y la opinión propia, para intentar rebelarnos y no actuar como borregos.

De aquello me llevo tanto que no me dan las palabras, pero si me tengo que quedar con una sensación en concreto, sin lugar a dudas la de vivir por el teatro, casi literalmente vivir allí y trabajar con una nueva familia.

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